Mimi Romanelli offre sa mèche de cheveux à Rilke

martes, 31 de enero de 2017

No derrama suavemente el perfume arábigo
De una hetaira ni el místico aroma
De esa joven veneciana que pintó Durero.
Mas bien huele
a sudor y a jazmines de la Giudecca.
Huele a scirocco y a hollín y-si cierras los ojos-
A fiore dipassione...
Negro como su vestido de seda,
Apagado como el topacio de su anillo,
Ese mechón será mi dananke: la moneda
Con la que pague a Caronte mi travesía final.
Oscuro, como la piel de ese gondolero
De amarillo turbante y testigo
De nuestros besos bajo un puente,
Testigo de arrodillarme ante vos justo al atardecer
Frente al Palacio Mocenigo para decirte:
Yo experimento tu belleza como un niño
Al que le narran bellas historias.
Testigo de arrodillarme ante una Madonna,
Besar la plata votiva de su corazón y decir:
Es ella, es Mimi...
Sé que hemos vivido solo entre nubes.
Sé que hemos bailado solo con la pura musicalidad
De esos nombres: Venecia, Santa Maria dei Miracoli, Canaletto...
Je vous aime. J' entends des cloches

II

Para vos yo no era el Doctor Seráfico
Ni " 'quel poeta Maria"...
Para vos mi nombre solo era murmullo
De un coro angélico acariciando tus ojos,
Tus labios...O una partitura en blanco
Donde tus manos de pianista soñadora
Improvisan azules sonatas de otoño.
Tal vez mi nombre para ti solo era un sentimiento,
como Venecia para mi.
O algo innombrable como Isaaquel,
La sonrisa de Dios.

Dîtes si les violettes sont arrivées

Ah
En la voz del barcaiolo
Hay un aroma de violetas.
Cuando tocas el piano en la penumbra
De tu casa rosada (un rosado de Istria)en el Zattere
Se disipa la espesa y acre niebla del Gran Canal,
Se estremece el dedo de Maria Magdalena
En San Pietro de Castello.
Y hasta en los balcones de un palacio
Lord Byron, vestido de dandy, con sus guantes amarillos
Besa románticamente a la cortesana de turno.
Para vos mi nombre solo era el dorado susurro
Del viento en las adelfas, en los campanarios,
En el pelaje de los gatos al crepúsculo.
Rainer. Renée. Orfeo. Seráfico. Maria...
Ya sólo escucho - aquí en las órdenes angelicas-
El eco de mi nombre como una sonata
Qué alguien toca al piano en la penumbra
De una casa rosada...
Digo alguien porque aun no puedo distinguir
Sí eres tú o Persefone o Afrodita...

Mio dolce Amico

III

Presiento algo eterno.
Cuando paseamos por el Campo San Polo,
Presiento algo eterno, algo así como el roce
De un dios que no es más que ese humo
De los fogones y el incienso de los templos,
Ya no me oprime el scirocco
Ni la estridencia de los niños jugando a la guerra,
Ni la grisumbre de las ropas colgadas en los balcones
Que de pronto galopan en el viento
Cómo los blancos caballos de Apolo.
Embriagado por el perfume de plantas exóticas
(Granados, palmeras, tamariscos)
A la sombra de tu voz casi de brisa
Andiamo per  la fodere
Presiento algo eterno.
Y ya no tengo la tristeza de ese león
Sentado a los pies de la Cruz
En la Scuola de San Marco...

La contemplation du soleil
Sur la Piazza de San Marco
T'avait faite te précipiter à la maison
Pour me voir

Cuando paseamos por una oscura salizzada
Y de pronto tus manos dan de beber agua de lluvia
A un gato negro o a un fantasma.
Presiento que ya poseo todo
El tiempo de todos los universos posibles
Para amar,
Y nunca la hosca mirada de la fugacidad
O la hostilidad de las cosas.
Tú eres mi más logrado Ding-Gedicht.
Presiento que ya nunca más sufrire
El eterno exilio de los que nacen
En Tierra de Nadie.

Dentro de una hora, en la Riva,
Veremos la luna llena,
Y veremos también caminar sobre las aguas,
No a la Virgen sino al ciervo con collar de oro
Que viene del bosque de Senlis
Solo para oler el perfume de tu regazo.
Y se acercará sigilosamente
A tus manos iluminadas por la luna
Y beberá mansamente agua de lluvia
Y tu le cantarás viejas baladas
En dialecto veneciano.
Y por fin leerás en su collar de oro,
Con estupor mirándome:
ANNO 1037, MIMI ROMANELLI
HOC ME DONAVIT
El ciervo al marcharse en la niebla
Imitara mi forma de andar o de huir.

Voulez-vous aller à la Maison du Lido?
I y aura de roses

IV

Aroma de sardinas, de grappa, de duraznos.
Aroma de tu cuerpo que florece en mi boca
Como un loto blanco al anochecer...

Un gato solitario pasea junto a la playa
En esta azur tranquilidad del otoño.

Y Goethe, como un niño, disfruta recogiendo
Conchas y piedras multicolores.
Y Gaspara Stampa, melancólica, camina
Hacia el poniente como una donna ideale..

Osiris soy en esta capanna que perfuma
El mechón de tus cabellos en mi mano,
La incesante espuma del mar.
Yo quería ser dragón y no anémona.
Yo quería tener la fuerza de un monstruo,
Y no esta fragilidad de lágrima en tu pañuelo.
Osiris soy en esta capanna y tú,
Isis por fin sin velo de horas y palabras,
Desnuda  y pálida como sol de invierno,
Recompones mi ser despedazado
En mil estrellas fugaces, en mil patrias perdidas,
En mil ensueños...

"Hiciste de mi un laúd. Ahora eres la mano
Que lo toca junto al mar, un Andantino
De Mozart, por ejemplo, o una melodía de Orfeo..."

Aroma de sardinas, de grappa, de duraznos.
Osiris fui en tus brazos,
resucitado,
en esta azur tranquilidad del Lido.

EL INDIFERENTE

domingo, 29 de enero de 2017


No tengo nombre.
Me llamo el vino que bebió Petrarca
Una tarde lluviosa en Avignon
Mientras besaba el aura azul de Laura
En unos versos alejandrinos.
Me llamo lo mismo mirlo negro
Día de Brahma
Sandía o Sophia
O Grasmere Lake...
Me llamo el murmullo del agua
Acariciada por tu mano
Qué solo existe si el tiempo no existe.
Me llamo Ominaeshi
Persimmon
Holden Caufield,
El ruido que hace el viento en los girasoles,
El diálogo de la aurora  con los pinos...
Me llamo "mono no aware" o "lacrimae rerum"
Y a veces me llaman Toska o blanca melancolía.
Nací errante, me nombraron Azar y Destino a la vez.
Nací  muchacha y muchacho,
Debi llamarme Orpheus o ninfa primordial.
Al instante de nacer
Todos los gatos del mundo maullaron al unísono,
Todos los delfines saltaron
De las olas hacia el sol.
Y al instante de morir
Todas las estrellas se convertirán
En la única estrella
De mi última risa.

Venecia 1972

Está a punto de expirar,
Su último aliento a punto de convertirse
En un vaho espeso que cubre la Giudecca...
Ezra Pound observa el dedo meñique
De Olga Rudge,
Dedo minúsculo,  colour de rose.
Allí estaba Olga como siempre
En los últimos diez años
Junto a la macilenta carcasa
Del viejo poeta que yacía en su lecho
En la ventana de aquel mezzanino
Que daba  a la calle Querini
Envuelta en la niebla
De su aliento último al amanecer.
Las sombras de los gondoleros cantaban
Arias y rumbas, las gaviotas
Sobrevolaban la isla - cementerio
De San Michele
O el campanile de San Giorgio Maggiore
Como pájaros de mal agüero.
Ezra Pound de pronto besa
El dedo minúsculo de Olga Rudge
Sin descanso, sin rubor
Lo chupa con deleite como un niño
Y ruega  más, más, más. ..
Pero nadie, nunca, podrá saber
Cómo fue ese último gesto
De un último suspiro colour de rose...
Nadie, excepto el dedo meñique
De Olga Rudge que florece
En la insondable humedad
De aquel ensueño.

MIZU NO OTO

El son del agua
El rumor del agua goteando
Sobre el sombrero cónico de Basho
Sobre las hojas brillantes de los plátanos
Bajo la luna.
Duerme. No lo despierta ni el aleteo
Incesante del faisán azul
O el coro enamorado
De las ranas en el estanque

Furuike ya
Kawazu tobikomu
Mizu no oto

Mientras duerme a la intemperie
Acaricia en sueños la púrpura berenjena
-primera de la estación-
Obsequio del sacerdote de un templo shintô
En honor a su más bello haïku. ..
Mientras duerme sus palabras
Se convierten en doradas luciérnagas
Qué iluminan el Monte Fuji.

El son del agua,
El ruido de una avispa abrazando
De amor a la triple - peonía
Que anuncia la primavera,
Blanca peonía de bordes dorados
A veces rosa como el kimono
De una geisha que amanece
Sobre su espalda dolorida,
Sobre su miembro callado...
El murmullo del agua
Sobre las hojas de verde porcelana,
Sobre la paja del sombrero. ..
Duerme,
No lo despierta ni el grito
De una grulla empollando sobre los sauces
Ni el llanto de una doncella
Convertida en ámbar de pinos milenarios
Por perder su pureza con un Yizo del camino.

El poeta se vislumbra en sueños
Como un samurai en la niebla,
Desnudo, con su erguida espada
Que destella al amanecer.

Mizu no oto

El rumor del agua, tan suave
Como las manos de un doncel que acaricia
Sus pies doloridos al atardecer.

"Y en el último instante del viaje
Vislumbró claramente  su alma
En forma de ciervo que huye
Hacia un bosque esmeralda
Hacia el eterno silencio de Buda"

BOHEMIOS, RAROS Y OLVIDADOS

lunes, 13 de mayo de 2013



El mamotreto que ahora me ocupa fue publicado por el Ayuntamiento de Lucena, y contiene las conferencias y "comunicaciones"(sic) que se dictaron en el Primer Congreso Internacional sobre "Bohemios, Raros y olvidados",celebrado en dicha ciudad de Córdoba entre el 4 y el 7 de noviembre de 2004. En poco más de 800 páginas, este libro intenta rescatar del olvido a ciertas "antihéroes" literarios(españoles y latinoamericanos) que hoy en día sólo figuran en los posos arqueológicos de la literatura. Contra lo que pueda parecer, al Congreso no acudieron los raros y bohemios de hogaño sino catedráticos y profesores de diferentes países, desde Estados Unidos, Gran Betraña hasta Cuba. Por citar a los más conocidos: Luis Antonio de Villena y José Luis Morante.
Qué tal si desgranamos la nómina de "fracasados ilustres": Ciro Bayo, Angeles Vicente, Enrique Gutierrez-Solís, Eva Canel, Cristóbal de Castro, Isaac Muñoz, Federico Canalejas, Gerardo de la Puente, Federico González, María Teresa León, Juan Gil-Albert, Emilio Carrere, Ramón Goy de Silva, Rosario Acuña, Joaquín Belda, Jacobo Sureda, José Manuel Poveda, Rubén Martínez Villena...
Como bien dice Luis Antonio de Villena en su trabajo sobre Gil-Albert
"muchos raros son claramente autores menores y quienes los defendemos lo sabemos muy bien. Pero menor(otro concepto a debatir) no quiere decir prescindible o falto de interés, a veces todo lo contrario
. Y pone un ejemplo interesante:
"No hay duda de que las novelas de Miguel de Unamuno son, literariamente, mejores que la de su parcial coetáneo Alvaro Retana. Ahora bien, el mundo que pinta y atrapa Retana jamás aparece en Unamuno, que detestaba ese género de literatura a la que denomina, en un artículo de 1902, insoportable literatura parisiense.hablando del erotismo morboso que esa literatura francesa exportó enseguida a media Europa."

De todos los autores citados, hay algunos que, de ninguna manera yo podría considerar "menores": Ciro Bayo, Isaac Muñoz, el propio Gil-Albert y el poeta cubano José Manuel Poveda. Son excelentes escritores que incluso han sido imitados y-si me apuran-plagiados(Por ejemplo: el libro "Viaje a la Alcarria" de Camilo José Cela se parece sospechosamente a ciertos libros de Ciro Bayo). Los demás, ciertamente han sido personajes que en su época publicaron mucho, algunos con bastante éxito, pero que el tiempo los ha ido ubicando en su lugar. Ni todos fueron "raros", ni todos bohemios. Tampoco acabo de entender la presencia de Juan Manuel de Prada en esta compilación, a no ser que sea un candidato a la constelación de los olvidados ilustres.
El olvido, las más de las veces, no engaña.
Volviendo al mamotreto: no todos los trabajos son realmente interesantes. Yo destacaría el ensayo que abre el volumen: "Bohemios, raros y liliales: la complicada historia del artista finisicular",de Richard Cardwell(Universidad de Nottingham,Reino Unido), un soberbio análisis sobre la influencia de Lombroso y Max Nordeau-dos médicos famosos por sus libros sobre la psicopatología del genio artístico- en el modernismo hispanoamericano. Muy bueno también el estudio de Maria del Carmen Simon sobre el epistolario de Eva Canel con el Conde de Navas. Excelente el de Lily Litvak(Universidad de Austin,Texas) sobre la figura de Ciro Bayo; y el de Amelina Correa(Universidad de Granada) sobre el escritor orientalista granadino Isaac Muñoz...
Lo cierto es que leyendo mamotretos como éste, uno se entera de que existieron figuras como la cántabra Eva Canel, una especie de León Bloy con faldas, que se pasó la vida insultando a todos los escritores y escritoras habidos y por haber desde Blasco Ibañez hasta Concha Espina. Al primero, Eva Canel llegó a llamarlo: "Fiasco y Báñate". Otro nombre rescatado: Ángeles Vicente, al parecer la primera escritora en España que abordó el tema lésbico y que, además, era ocultista. Uno agradece también que se rescate la figura de ese gran bohemio madrileño, ese Quijote que cabalgó entre los siglos XIX y XX, que fue Ciro Bayo, el Peregrino Gay de "Luces de Bohemia",de Ramón Valle-Inclán.

"Bohemios,raros y olvidados"
©Coordinación y edición de Antonio Ruiz Casado
Diputación de Córdoba, Ayuntamiento de Lucena
2006



HISTORIAS EN LA PALMA DE LA MANO, DE Y. KAWABATA.

martes, 26 de febrero de 2013


Así define Kawabata esta obra que reúne más de cien cuentos escritos entre 1923 y 1972,el año de su muerte:
"Muchos escritores, en su juventud, escriben poesía; yo, en lugar de poesía escribí los relatos que caben en la palma de la mano. Entre ellos hay piezas irracionalmente construidas, pero hay varias buenas que fluyeron naturalmente de mi pluma, con espontaneidad...El espiritu poético de mi juventud vive en ellas."
Y el espiritu cinematográfico. De hecho, Kawabata fue coguionista de Una página de locura(1926), película de Kinugasa Teinosuke, hoy considerada un clásico del cine mudo japonés.
En el arranque del cuento "Peces de colores en la azotea" se puede apreciar esta fascinación de Kawabata por los efectos visuales del cine:
Había un espejo grande en la cabecera de la cama de Chiyoko.
Cada noche, al soltarse el cabello y hundir la mejilla en la almohada, se observaba detenidamente en el espejo. La visión de treinta o cuarenta peces de colores cabezas de león aparecería, como rojas flores artificiales sumergidas en un tanque de agua. Algunas noches también la luna se reflejaba en ellos.
Pero la luna no brillaba en el espejo a través de la ventana. En realidad, Chiyoko veía el reflejo de la luna sobre el agua de los tanques en el jardín de la azotea. El espejo era una ilusoria cortina de plata. A causa de esta mirada aguzada, su mente tenía el mismo desgaste que la púa de un fonógrafo. Sintiéndose incapaz de dejar la cama, allí se hacia irremediablemente vieja. Sólo su cabello negro, esparcido sobre la almohada blanca, retenía su juvenil esplendor.


En este libro desfilan todos los temas preferidos por Kawabata: lo autobiográfico condimentado con pinceladas grotescas, surrealistas, oníricas, eróticas,psicopatológicas... Resulta asombroso la capacidad del escritor para absorber todas las influencias de la literatura occidental y fundirlas con los temas tradicionales de la cultura japonesa, desde ,un simple sushi hasta lo puramente religioso que emana del budismo o el shintoísmo. El cuento que abre el volumen, por ejemplo, es una genial variación de la famosa memoria involuntaria de Proust.
Ya que menciono el sushi, se me antoja comparar estas miniaturas de Kawabata con esa modalidad del arte culinario japonés:así como es muy difícil lograr un perfecto equilibrio entre lo crudo y lo cocido, también lo es alcanzar ese equilibrio entre lo racional y lo irracional, entre lo crudamente real y lo puramente fantástico.
Yasunari Kawabata lo logra en este libro.
Nunca ocultó el Premio Nobel oriundo de Osaka su preferencia por el género corto de la narrativa, a pesar de escribir magníficas novelas como "País de Nieve" o "Lo Bello y lo Triste" o su célebre nouvelle"El palacio de las bellas durmientes". De hecho, el último cuento que Kawabata escribió en vida, al parecer, poco antes de suicidarse fue una versión muy abreviada de "País de Nieve". Normalmente, los escritores realizan el proceso contrario: convierten cuentos en novelas. Y no siempre con fortuna.

©Historias en la palma de la mano, de Yasunari Kawabata, Emecé,2005. (Traducción de Amalia Sato, bastante buena, por cierto).

EL SECRETO DE JOE GOULD, DE JOSEPH MITCHELL


Joseph Mitchell(1908-1996), un célebre reportero de The New Yorker, se especializó en perfiles literarios que retrataban desde estrellas de Broadway hasta domadores de circo. Un día conoció a un yanqui llamado Joe Gould oriundo de una ciudad cerca de Boston.
Era miembro de una de las familias más antiguas de Nueva Inglaterra y su padre, un médico de renombre, quería que su presente fuera el futuro de su hijo, pero Joe Gould no quería ser médico ni nada, sólo soñaba con marcharse de su pueblo, de su casa. "Donde siempre me he sentido en casa es Nueva York-decía-con los chalados, los proscritos, los marginados, los náufragos, los eclipsados, los malogrados, las eternas promesas, los desgraciados, los impotentes y los sabe dios qué."
En Nueva York encontró un empleo de recadero en un periódico aunque lo que buscaba era ser crítico de teatro. Sin embargo, una mañana de verano de 1917, hojeando libros en una librería de viejo se tropezó con una frase de Yeats: "La historia de una nación no está en los parlamentos ni en los campos de batalla, sino en lo que la gente se dice en dias de fiesta y de trabajo y en cómo cultivan, se pelean y van en peregrinación". De repente, se le ocurrió la idea de escribir una Historia Oral de nuestro tiempo, un libro que recopilase aleatoriamente "conversaciones brillantes y conversaciones bobas, insultos, réplicas, comentarios groseros, retazos de discusiones, el parloteo de los borrachos y los locos(...), las proposiciones de las prostitutas, las peroratas de los charlatanes,etc..."Decidió que su proyecto era incompatible con trabajar, renunció a su empleo y a cualquier empleo estable que le robara tiempo a su Historia Oral. Y así empezó su vida de vagabundo escritor, sufriendo durante más de cuarenta años lo que el llamaba la Trinidad: intemperie, hambre y resacas, viviendo de "aire, amor propio, colillas, café de vaquero, sandwiches de huevo frito y ketchup." Por otro lado, se consideraba a sí mismo como una autoridad mundial en la lengua de las gaviotas traduciendo al "gavioto" poemas célebres de la literatura norteamericana, convencido de que Longfellow-decía-se dejaba traducir perfectamente al gavioto. Su titánico esfuerzo de escribir su Historia Oral fue de boca en boca hasta llegar a los oídos refinados de Ezra Pound y de Cummings(éstos se apuntaban a todo)quienes lo elogiaron y contribuyeron a la Fundación Joe Gould e incluso publicaron un par de fragmentos en la revista Dial.
Pasaban los años, y la obra iba tomando dimensiones de superbiblia, pero nadie conocía de ella más allá de unos pocos fragmentos que Gould reescribía infinitamente en cuadernos escolares llenos de pringue. Entre ellos estaba un ensayo sobre "la espantosa adicción al tomate" que-según él-era la causa de la mayoría de los accidentes ferroviarios del país. En realidad, aquella magna obra existía más en la leyenda que en la realidad. Joseph Mitchell sospechaba la farsa y fue a por el secreto. ¿Existió o no la Historia Oral?.
Estas dos magníficas crónicas(distanciadas en el tiempo por más de veinte años)tratan de aclararlo. Mitchell va mucho más allá y logra diseñar un perfil literario sin parangón en la literatura, un personaje a la altura de un Don Quijote o un Charlot, la psicoanalización tiernamente despiadada del "último bohemio" obsesionado con escribir una especie de Tristam Shandy o un Ulisses, pero sin poseer el talento de un Sterne o de un Joyce.
El secreto de Joe Gould es una parábola sobre esa manía esquizotípica de los que se pasan la vida simulando escribir una obra maestra para la posteridad sin llegar nunca a cristalizarla, sin ir más allá de los límites que impone su auto-leyenda. Más allá de estos límites, supongo, está la locura o el sol negro de la melancolía.

(2008)